Relato: La Casa Embrujada

11:54





Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Ángela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del auto y pedir ayuda, ya como mujeres inexpertas que éramos en mecánica, ni siquiera lo intentamos arreglar, teníamos miedo de estropearlo más de lo que ya estaba.

Nos colocamos las dos en el arcén de la carretera esperando que algún auto pasara y nos ayudara, era alrededor de las cinco de la tarde, y como era en el mes de noviembre ya empezaba a oscurecer, empezamos a sentir miedo e inseguridad, nosotras en plena carretera y solas.

Pero nuestra suerte cambió en pocos minutos y mi amiga Ángela logró detener un auto, era un joven muy guapo, nos preguntó que pasaba y nosotros no supimos explicarle exactamente el problema que tenía el auto, el joven levantó el capó y miró si el auto tenía algún desperfecto, pero como ya oscurecía y no teníamos ninguna linterna el joven nos sugirió:

- Miren, vivo cerca de aquí, en una pequeña casa, muy humilde, vivo con mis abuelos, pero con todo gusto les ofrezco mi casa y mañana bien temprano vamos al pueblo más cercano y buscamos ayuda, y si no es algo grave hasta yo les puedo ayudar sin ningún compromiso.. ¿Qué dicen?

Ángela y yo nos miramos y pensando que era peor quedarnos solas en la carretera, aceptamos la propuesta del joven.

Ocultamos el auto entre unos árboles y nos dirigimos bosque adentro hacia el hogar del joven, efectivamente no se encontraba lejos de la carretera, cuando entramos a la casa, estaban una linda pareja de ancianitos sentados en unas mecedoras de madera, muy callados, la abuela sólo nos sonrió, nosotras contestamos el saludo y el joven inmediatamente nos llevó a lo que sería nuestro cuarto.

Al llegar la noche, Ángela y yo no podíamos dormir de tantos ruidos que escuchábamos, decidimos salir para ver qué pasaba, y vimos que el cuarto del joven tenía la luz encendida, y escuchábamos como se aclamaba desesperadamente a Dios pidiendo repetidas veces perdón...pero no sabíamos
por qué, Ángela se acercó al barandal de la escalera y me dijo:

- ¡Mira!...

Estaban bajo nosotras las dos mecedoras que se movían como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, las dos nos miramos asustadas y corrimos a nuestra habitación para encerrarnos, cuando amaneció ninguna de las dos había podido dormir. Cuando salimos de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estábamos tan asustadas que decidimos salir de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminaríamos mucho.

Cuando llegamos al auto, cuál sería la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y logramos irnos de ese misterioso lugar el cual nos causaba miedo.

Llegamos a un restaurante del primer pueblo que encontramos, teníamos mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca de nosotras nos preguntó:

- ¿Es de ustedes ese auto que está afuera?
- Si.- le respondimos.- ¿Por qué oficial?
- Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.
_ Ah sí, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que está cerca del lugar, ya
que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.
_ ¿Dónde dicen que se quedaron?
_ En una casa que está cerca de allí.
_ La única casa que está cerca de allí es la de los Sres. Sánchez.
- ¿Unos que viven con un joven?
- Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el
joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin
vida sentados en sus sillas y el joven colgado de su cuarto.
- No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotras estuvimos en esa casa, y ahí estaban los abuelos y el joven, la abuela
hasta nos sonrió y el joven nos prestó una habitación.
- Pues quien sabe muchachas, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero
para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron a pasar la noche?

Decidimos llevar al oficial a la casa, tal vez porque queríamos escuchar de sus palabras, que efectivamente, se había equivocado y nosotras nos quedaríamos tranquilas.

Pero cuando llegamos al lugar, el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Nosotros le creímos porque la casa ya no estaba igual, cuando entramos, era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.

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1 Comentarios

  1. Anónimo10/26/2010

    Me gustaría tener una guía de preguntas para ejercitar la comprensión en este tipo de relatos

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