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    Carlos de 80 años se levantaba un nuevo día con gran agilidad, el hombre apenas tenia unas débiles arrugas y seguía con un pelo frondoso y rizado .

    Sus 1,80 acompañados de un cuerpo musculado su rostro muy moreno como de un bronceado de playa con sus expresivos ojos negros, le hacía no parecer mas que la cincuentena manteniendo un tono atlético y ciertamente atractivo, en la ciudad todos se maravillaban y algunos ciertamente le temían pues aseguraban que su aspecto no podía ser real, miles de leyendas urbanas caían sobre este enigmático personaje.

    Carlos se lavaba con parsimonia, sabia que otro día pasaría de la forma mas rutinaria, volver a enterrar a los muertos, mantener el cementerio limpio, mientras que las horas entre la penumbra pasaban sin descanso.
    Del enterrador apenas se conocía nada tan solo su trabajo y su sobrehumano aspecto físico.
    Hombre silencioso apenas se movía del cuarto donde vivía en el propio cementerio, allí pasaba sus horas libres escribiendo poesía sobre los muertos.

    Carlos sal un momento.
    Ese que grita su nombre es el jefe del lugar, un hombre regordete de mediana edad.
    Carlos saliendo al exterior saluda.

    Hola Manolo.
    Manolo: Hola Carlos te presento a Juan es un joven que estará unos meses contigo, creo que te vendrá bien un ayudante.

    El enterrador clava su negra mirada en el joven de poco mas de la veintena que tiene delante, un joven alto pero delgado de pelo rubio y aspecto aniñado, por supuesto se le ve el típico estudiante que no esta preparado para ese trabajo.

    Carlos: La verdad es que no necesito ningún ayudante, me las apaño bien solo.

    Manolo: Eso ya lo sabemos, pero nos preocupa que siempre estés solo, necesitas compañía y el necesita aprender el oficio, os dejo solos y espero que os vaya todo bien.

    Sin nada mas que añadir el jefe da media vuelta y se va entre las lapidas del pequeño cementerio.
    El joven se acerca de forma tímida hacia su nuevo jefe y le tiende la mano, su mirada es desconcertante, todos le decían que no aparentaba su edad pero esto no se lo podía imaginar.

    Juan: Es un placer señor, ¿cómo lo hace? Me gustaría tener su aspecto cuando llegue a su edad.

    Carlos: Primero tienes que llegar, sígueme y empecemos.

    El joven paso todo el día en una pesadilla siguiendo a su compañero que apenas le dedicaba la palabra por todo el cementerio, sujetándole el peso de los ataúdes, mientras su compañero literalmente volaba de un sitio a otro y terminaba sus trabajos de forma ágil y eficaz.
    La noche se acercaba y se despidieron.
    Juan llego reventado a casa, no podía imaginar lo que le esperaba cuando acepto ese trabajo, aunque sabia que lo necesitaba para pagar sus estudios.
    Algún día pensaba el joven seré un gran escritor y no necesitare ensuciarme las manos ni aguantar a tipos como ese enterrador que realmente le daba miedo, en el se veía algo que le ponía muy nervioso y no podía evitar.

    El teléfono sonó su madre al aparato lo entretuvo un buen rato mientras le decía que lo echaban de menos en el pueblo.
    El chico colgó con una sonrisa, adoraba a sus padres, siempre entregados a el, ese verano su padre decidió que si quería irse a estudiar literatura, debía primero aprender el trabajo duro para que se acostumbrara a ganarse con su propio sudor sus objetivos.
    Desde luego tenían razón, el se alquilo este pequeño estudio cerca de su trabajo, esa experiencia le vendría bien para madurar.
    Pero en la solitaria noche no podía dejar de pensar en su tranquilo pueblo y en Mónica, su gran amor, una pueblerina sin ambiciones ni su cultura pero le daba igual, adoraba su inocencia y cada día le parecía mas bella con sus dorados cabellos acompañados de sus penetrantes ojos verdes.

    A la madrugada siguiente el cementerio presentaba un aspecto tenebroso, una densa niebla recorría aquel lugar.
    El sonido fantasmal del tiempo movía los árboles estos crujían parecía el sonido de la muerte, Juan movió la cabeza dejando de lado sus pensamientos y se encamino a su destino.

    Carlos lo recibió con una sonrisa, extraño se dijo creía que ese hombre nunca sonreía.

    Carlos: Hola Juan pasa a mi habitación, apenas tenemos trabajo.

    Una vez en el interior, un irreconocible Carlos le hablaba amablemente.

    Carlos: Escuche que quieres ser escritor y que estudias para eso, yo también escribo, sabes son poesías que tratan sobre este gran lugar, sobre la muerte, pero también sobre mi vida.

    Mi mujer escribía poesía, murió hace mucho tiempo pero la mantengo conmigo en mis poemas, después mi vida se vio avocada a esta triste existencia.

    El enterrador miraba como en trance el techo, mientras el chico lo escuchaba atentamente.
    Cuando por la noche empezó a leer sus escritos, no pudo dormir en toda la noche, estaba leyendo autentica belleza, esas líneas son enfermas escritas con una ternura terrorífica, en una de ellas se veía rimas donde se retrataba con una belleza extraordinaria como un hombre realizaba el amor con la muerte.
    Le aterrorizaba lo que estaba leyendo pero a la vez sentía algo que jamás sintió, una fuerza recorría su cuerpo, sentía su sangre caliente en las sombras, re repente sintió deseos impuros.

    Tiro los folios al suelo, sentía todavía una violencia en su interior, ¿Quién es ese hombre? Se preguntaba.
    Como podía escribir tanta belleza y a la vez tanta negrura, se sentía aterrorizado, durante unos momentos sintió deseos de matar.
    Quería olvidar aquellos diabólicos escritos, cuando se levanto y los recogió del suelo sabia que ese hombre extraño le estaba quitando su alma.
    Cuando por la mañana el joven llego al destino de siempre vio al enterrador totalmente desnudo abriendo un ataúd.
    Carlos empezó a correr, pero de repente se detuvo y volvió al lugar, necesitaba saber mas, necesitaba descubrir su secreto.
    Entro por las buenas en la habitación sin disimular para nada su presencia pero el enterrador ni volvió la vista.
    Gimiendo de forma ostensible, estaba copulando con un bello cadáver, joven pero sin vida, una rubia hermosa de apenas la treintena estaba siendo manejada como un muñeco, en el silencio de la madrugada solo se escuchaba al hombre aullar sobre el cuerpo sin vida.
    Llegando al orgasmo saca su pené totalmente brillante, erguido de rodillas copula sobre el cuerpo sin vida.
    Tranquilamente se pone en pie, sin volver la vista habla.

    Chico espérame fuera estaré contigo en un momento.

    El joven estaba totalmente hipnotizado en la puerta, totalmente excitado a pesar del acto monstruoso que acababa de observar.
    El enterrador salió al exterior.

    Carlos: Bien veo que ya sabes mi secreto de juventud.

    Juan: Su secreto? Dios mío, “el joven le mira con ojos como platos”.
    E visto cosas horribles pero esto es............. usted esta enfermo, lo que escribe, esas malditas poesías me torturan, tiene 80 años y se mueve como un maldito gato no tiene ni una cana.

    Carlos: Estas aterrorizado pero sigues aquí, podrías salir corriendo, decírselo a los superiores, pero volviste, estás excitado y te cuesta creerlo, mis lecturas te parecen diabólicas, aunque también hermosas.

    Cada día al levantarte piensas quiero ser como el, quiero poseer su genialidad, quiero mantenerme joven con el paso del tiempo.
    Ellos están muertos nosotros vivos, lee las escrituras de sus lápidas.
    El chico se mueve como en un sueño del que quiere despertarse, lee con incredulidad algunas de las lápidas.
    Poetas, escritores, guionistas, todos son artistas de la escritura, como un trueno la verdad le viene a la mente, empieza a visionar a Carlos.
    Carlos camina en un día lluvioso cuando una joven y prestigiosa escritora sale de su casa, el la sorprende por detrás con un corte limpió le rebana el cuello.

    Juan: Usted mata a todos los escritores y después copula con ellos absorbiendo su vida y su talento, sus poesías hacen sentir lo que usted siente cuando mata, su excitación, su enfermedad, la emoción de la caza y cada vez que mata es usted mas fuerte, mas talentoso.

    El cielo nublado cae sobre ambos hombres, el canto de los cuervos levanta un leve viento.
    El enterrador se acerca al joven.

    Carlos: No es muy agradable cuando tengo que hacerlo con un hombre pero el sacrificio vale la pena, dentro de poco me quitare mas años de encima.

    Todas esas muertes se fingían bajo un robo, siempre terminaban echándole la culpa a un mendigo, yo un día fui escritor, nadie jamás me reconoció el mas mínimo talento, solo se fijaban en mi mujer, en sus libros, ella fue siempre una gran escritora, la envidia me devoraba.
    Un día sin saber lo que hacía truque los frenos de su coche, cuando el accidente la mato, robe su cadáver y lo diseque, cada vez que le hacía el amor su talento me poseía de una forma brutal, también descubrí que no solo eso, cada vez me sentía mas fuerte, mas joven, por mi no pasaban los años.
    Cuando me mude aquí, nadie a querido averiguar nada sobre mi, solo soy el enterrador, tengo mucho tiempo para atrapar a esos artistas, soy un vampiro, en estos momentos nadie puede igualar mi arte, si me sigues conseguirás lo mismo.

    Quieres ser escritor? Acompáñame en mi viaje y serás lo mas grande que pueda existir, te daré la vida eterna, el destino nos unió solo te queda aprovecharlo.

    El joven sin pensar entra en la habitación, el monstruo sonríe con una sobrecogedora mueca tiene a su marioneta, ya nadie podrá detenerle.
    Tan feliz esta en sus pensamientos que no pudo reaccionar cuando Juan le apuñalo por la espalda, cayendo casi sin vida al suelo, lo miro con ojos de odio.
    No comprendía que pudo fallar, lo tenia echo y sin embargo el que tenía que ser su ayudante lo miraba con una sonrisa irónica.

    Juan: Te denunciare, cuando todos comprendan lo que hacías cosa que sabrán cuando estudien los cadáveres, comprenderán que tuve que hacerlo, nadie pondrá en duda tu locura, saldré fácilmente inocente por defensa propia.

    Se lo que tengo que hacer, tu ya mataste a muchos de ellos, tienes sus talentos y su fuerza, simplemente me alimentare de tu cadáver y seré lo mas grande que exista jamás.

    Con esas palabras el joven empieza a caminar alegremente a dar parte de lo ocurrido, mientras el enterrador muere en su propia tristeza, el debió saber que la maldad humana cuando florece te transforma en un monstruo y cuando eres un monstruo nunca aceptarás compartir tus secretos.

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    Estaba escrito que el fin del mundo, el Apocalipsis, llegaría por obra del hijo de Satán, el Anticristo. Satán, como ya había hecho en anteriores ocasiones a lo largo de la historia, viajó al mundo terrenal con apariencia humana. Como las otras veces, buscó una mujer joven y fuerte para que fuera la madre de su hijo. Tenía que ser una mujer casada, y que mantuviera relaciones con su marido periódicamente para no despertar sospechas. Se encaprichó de una joven rubia y atlética, muy atractiva. Entró en su casa y la poseyó practicando el sexo más salvaje y depravado que se pueda imaginar. Satán con su malvado poder hizo que su mente lo olvidara, y nueve meses después nació su hijo. Su nombre era Software. Este niño empezó a prepararse para su misión estudiando a sus hermanos de tiempos pasados: Atila, Gengis Khan, Hitler… Todos ellos fueron hijos de Satán que fallaron en su misión. Al igual que ellos se preparó para ser un gran líder y formar un poderoso imperio.

    Creció observando a los humanos para conocer sus debilidades, haciéndose pasar por uno de ellos, ganándose su confianza. Viendo que todos sus hermanos fallaron a pesar de haber construido grandes imperios, decidió cambiar de táctica. Su imperio no debía ser militar. Se fijó en el posible potencial de la industria informática, y vio en ella su medio para dominar a los humanos. Utilizando su poder sobrenatural, empezó a apoderarse de diversos sectores de esta industria, y logró formar un poderoso imperio informático. Ya formado, el Imperio extendió sus malévolos tentáculos introduciéndose en todos los campos empresariales e industriales. En poco tiempo toda la economía mundial estaba bajo su poder. Ninguna empresa, ningún banco, nada podía funcionar sin los programas informáticos del Imperio. Incluso estaban bajo su dominio usuarios particulares en sus casas. El Imperio llegó a tener más adeptos que cualquier religión del mundo.

    Como una secta destructiva, obligó a sus súbditos a pagar un tributo cada poco tiempo. Había que comprar actualizaciones de los programas continuamente, pues estos se quedaban obsoletos en cuestión de semanas. Todos los programas del Imperio fueron la droga más usada del mundo. Prácticamente todo el planeta estaba enganchado. Software en su trono se reía viendo como los pobres humanos intentaban inútilmente manejar sus productos. Pero estos fallaban inteligentemente, arruinando proyectos, trabajos, vidas. Todo el planeta sufría pero no podía hacer nada, eran adictos a las drogas informáticas del Imperio.

    Pero esto no era suficiente, el broche final para llevar a cabo su plan fue el "Efecto 2000". Algunos profetas lo predijeron, y los humanos aterrados intentaron prepararse para ello durante meses, pero fue inútil. El 31 de diciembre de 1999 a las 00:00 h, cuando comenzó el año 2000, empezó también el Armaguedón. Todos los ordenadores fallaron, la industria y la economía se colapsó, la electricidad dejó de funcionar, los trenes descarrilaron, los aviones se estrellaron… Los misiles de todos los países se dispararon controlados por los ordenadores, destruyendo todas las fuerzas militares y policiales del mundo. El caos y la destrucción reinaron en la Tierra. La ley había sido eliminada, los humanos empezaron a pelearse por comida y ropa. Pero había desaparecido todo vestigio de humanidad en ellos. Ya no eran humanos, se comportaban como alimañas egoístas y enloquecidas, peleándose y matando por un trozo de pan. Software había triunfado.

    Por fin un hijo de Satán se había apoderado del mundo. La risa de Satán resonaba ensordecedora en los confines del infierno. Dios observaba apenado como su creación se había destruido. Pero aquello no fue el fin del mundo, fue un nuevo origen. Satán mandaba ahora y Dios era el que debía actuar en las sombras. Se había producido un cambio de Dirección General, y aquello era solo el principio…   
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    Bueno como es el mes de Terror, suspense y miedo en la web he conseguido unas historias muy interesantes y me dispondré a colocarles una por dia…. Espero les guste mi iniciativa y dejen sus comentarios =) 

    1ero Vampiro Abandonado



    El niño solitario, con ojos humedecidos y párpados empapados estaba en cuclillas,
    meciéndose en el suelo. ¿Dónde estaba? No lo sabía. ¿Por qué se encontraba solo?
    Tampoco lo sabía. No recordaba nada.
    Sentía una sensación de temor al hallarse solo ante la oscuridad. Solo percibía el
    aleteo de sus orejas que se movían por el incesante viento. No oía nada, solo su
    propia respiración, rápida y entrecortada. No conocía su identidad, no sabía que
    hacía allí solo en mitad de la noche. Lo único que podía ver era el alumbrar de la
    redonda brillante: La luna llena, que alumbraba su rostro desdichado mientras los
    árboles proyectaban sus monstruosas sombras encima de él. Se mecía y se mecía, el
    aire era gélido y se le arropaba en su piel pálida y frágil; más pálida que nunca.
    Se mecía y se mecía. Palpó con la mano el suelo, mientras mantenía la vista a lo
    lejos de la penumbra sus ojos sólo lograban distinguir extrañas figuras. ¿Estaba
    ciego? No lo sabía. Palpó con la mano el frió suelo.

    Bajo lentamente la mirada, mientras el aire helado le entumecía la cara. Tenía las
    manos muy frías, los dedos casi congelados dificultándole enormemente la movilidad.
    Miró el suelo, distinguió un color. Un color blanco en forma de ralla se extendía a
    lo largo. No entendía que era y volvió a mecerse. Tenía la nariz helada, rojiza y
    llena de mocos. Las gotas le comenzaron a resbalar por las mejillas, la luna las
    alumbró y se secaron, se secaron heladas como si estuvieran en un congelador.
    Se notaba el cabello mojado. Se lo palpó. Dejó de mecerse. Se lo tocó lentamente,
    pelo por pelo. Movió la mano y la sangre se alumbró en ella, seca y coagulada; tan
    fría como un día de invierno, tan fría como el monte más helado de los mundos. La
    sangre se le extendió hasta cubrirle las manos al completo.
    Sintió temor, mucho temor. Estaba sangrando, helándose de frío y todavía seguía sin
    entender nada. No pudo evitarlo, de verdad que no pudo, sus ojos se humedecieron y…
    Otra lágrima se derramó alumbrándose sobre sus mejillas. Se le secó en un sonido
    cristalino.
    Sangre. Notaba sangre en la garganta. Un gusto áspero y a la vez dulce. Sacó la
    lengua y la mantuvo en el aire; se la acarició como si fuera una mascota. Estaba
    gélida, completamente congelada.
    Un hilillo de sangre se le escapó de la lengua, Se deslizó hasta rozar el suelo,
    antes de tocarlo se congeló.
    Una estalactita de sangre le colgaba de la lengua. Le dolía. Se cogió con las dos
    manos la estalactita. El dolor se le extendía hacia el estómago y sintió un enorme
    impulso de vomitar pero se controló. Intentó doblar la estalactita, pero la lengua
    se resintió. El dolor se le subió a las sienes.
    Asustado y con frenesí se rodeó con las manos la estalactita y las hizo voltear.
    Volteaba las manos por la estalactita, cada vez con más rapidez. La lengua se
    resentía, pero por la fricción la estalactita comenzó a derretirse. Las gotas
    derretidas se incrustaban en las manos del chico, seguidamente se proyectaban contra
    el suelo en pequeñas gotitas de cristal.
    La puntiaguda forma gélida se derritió y el chico se quedó con un intenso sabor a
    sangre fresca en la lengua. Se tocó la punta de la lengua suavemente con el dedo
    índice. Tenía una pequeña herida, de no mucha importancia. Una pequeña herida, roja
    como la cereza, roja como el corazón y roja como la sangre.
    La herida empezó a sanarse sola. El niño sonrió y en la anchura de los labios se
    creó una plaquita de hielo. Parecía que con cada movimiento expulsara frío de sus
    entrañas. Ahora no podía mover los labios, se había quedado con una sonrisa compacta
    e inmóvil. Se lamió los labios y se los volteó con rapidez con su lengua helada y
    frágil. Al poco rato la fricción hizo su efecto y el hielo desapareció impactando en
    el asfalto en pequeñas gotas de cristal.
    Se notó aliviado y contento sin saber el porqué. Ya no se sentía tan frágil y
    temeroso. La helada que le agarraba con fuerza el cuerpo desaparecía poco a poco.
    Se sintió muy húmedo y mojado, el sudor comenzó a emanar con fuerza de él. Un charco
    llegó pronto al suelo, el sudor era cálido como el desierto durante el día, Cálido
    como una calurosa noche de verano; y ese sudor cálido le calentó los labios, le
    revivió la lengua y lo acaloró por dentro. El hielo desapareció dejando paso a la
    movilidad absoluta.
    Solo y desnudo el chico podía moverse. Recuperaba las fuerzas en todo su cuerpo.
    El sudor paró. El frió también lo hizo.
    Una calida noche de verano se notó en el ambiente. El aire, seco y compacto impactó
    en la cara del chiquillo.
    Sonrió con fuerza, pues el helor de los labios le había desaparecido por fin. Ya se
    sentía vivo y libre. Sonrió más ampliamente que nunca dando a mostrar unos enormes
    dientes, cuya blancura era comparable con el blanco celestial, sólo que el no tenía
    nada de celestial; de demonio… tal vez.
    De entre el amasijo de dientes, dos prominentes colmillos le sobresalían de la
    dentadura de arriba. En su dentadura de abajo ocurría lo mismo. Se palpó el mentón.
    Lo tenía duro y fuerte.
    Cerró con potencia la mandíbula, haciendo chocar los colmillos entre si. Un potente
    chasquido resonó en la noche oscura y cálida.
    Volvió a emitir un chasquido con los colmillos.

    Una sensación de poder lo invadió por dentro. Pues el sabía que era un vampiro, sólo
    eso, de lo demás no recordaba nada. La sensación de sangre lo entornó. Necesitaba
    beber ese dulce líquido rojo.
    De repente y sin previo aviso, una luz se divisó en el horizonte. Una luz tenue con
    forma de foco energético alumbró a lo lejos al niño.
    La luz se acercó y acercó, hasta que se volvió tan fuerte que el chico tuvo que
    esconderse de la luminaria protegiéndose la cara con los codos.
    La luz se paró seguida de una frenada de neumáticos.
    Pasó de alumbrar de forma intensa a tenue. El niño pudo volver a mirar sin temor
    alguno.
    Un hombre, cuya estatura era superior a la media, se le acercó. El hombre era medio
    calvo, y el poco pelo que tenía era canoso. Sus potentes bíceps contrastaban con sus
    muslos vulgares. Llevaba camiseta sin mangas de color negro abismo, sus pantalones
    eran vaqueros y de un color azul intenso. La mirada del hombre era fría y
    reconfortante a la vez, pues sus ojos verdes relucían en contraste con la luz que la
    luna llena disparaba sobre ellos.
    — ¿Qué te ocurre chico? —preguntó el hombre.
    El niño no respondió porque la luz lo hirió, le derretía poco a poco la piel, se le
    formaban ampollas y la piel se le quemaba, el humo le salió de su piel seca y
    cálida. Dio un salto hacia atrás con gran agilidad, ocultándose de la luz quemadora.
    — Nos feratu —balbuceó el niño.
    — ¿Qué? —preguntó el hombre canoso
    — Nos feratu —un foco se rompió y el hombre dio un alarido asustado— Vampirum —el
    otro foco explosionó lanzando grandes cantidades de cristal al cielo que pronto se
    perdieron en la lúgubre noche. El hombre arrojó un chillido ahogado.
    — Nos feratu —El chico mostró los dientes— Vampirum.
    El hombre reculó.
    — Sangre Nostrum.
    El hombre dio otro paso hacia atrás con la boca abierta en forma de o y los ojos
    abiertos como platos dilatándose y contrayéndose alternativamente. La expresión de
    pánico se sobrepuso ante la oscuridad de la noche.
    El niño alzó su mano derecha, contemplándose las uñas, que no eran uñas, sino
    garras; Garras largas y afiladas, sucias y bellas, vivas y muertas.
    El hombre, más inquieto asustado y petrificado que nunca, dejó de recular. Dejó de
    moverse. Se quedó quieto en el asfalto. Las garras del niño lo habían dejado inmóvil
    y sin aliento. Estaba experimentando una sensación de temor incapaz de describirse.
    El niño avanzó unos pasos y el canoso no se movió. Avanzó otros pasos y olió su
    aliento. El aliento del hombre estaba alcoholizado, su perfume era el hedor.
    El chiquillo saltó con rapidez y le clavó los colmillos superiores en su delgada
    camiseta. La camiseta se rasgo y los colmillos crujieron hundiéndose en la carne.
    Dos agujeros se formaron, y entre el colmillo y la carne la sangre emanó viva y
    fuerte como un rió, extendiéndose en su camiseta y volviéndola de un color negro
    rojizo. El canoso emitió un gemido ahogado.
    El terror intentaba salir por su campanilla que tintineaba de miedo. No podía
    moverse, los colmillos lo habían envenenado dejándolo paralítico por momentos. Con
    la boca tan abierta que parecía desencajársele de la mandíbula, se quedo quieto
    mientras los ojos empezaban a inyectársele en sangre.
    El niño estaba contento, saboreando el dulce manjar. Ya no tenía miedo, el miedo se
    había transformado en valentía y fuerza, fuerza potente y energética.
    El chico clavo más hondo los colmillos con un potente mordico que hizo saltar un
    chorro de sangre. El canoso volvió a gemir, pero el gemido volvió a ahogarse
    quedando atrapado en su campanilla.
    El niño comenzó con su festín. Succionó con los colmillos, lentamente, y a medida
    que la sangre le pasaba entre los colmillos y se deslizaba con suavidad por su
    garganta, aumento la velocidad aferrando más los colmillos en la carne.
    .El canoso ya no intento ni siquiera gemir. El ceño se le frunció lentamente, los
    párpados se le bajaron silenciosamente hasta que chocaron entre si y sus ojos
    quedaron ciegos para siempre.
    La piel pasó de un color carne vivo a un color carne pálido, de la piel rosada a la
    piel blanca inerte.
    El chiquillo succionó con más fuerza y la piel del canoso se volvió pálida del todo
    mientras se mecía intentando caer en el asfalto. El niño no hizo nada, dejó que el
    hombre cayera deslizándose lentamente hacia el suelo. El chiquillo lo siguió con sus
    colmillos, sin apartarlos de dentro de su carne.
    El canoso por fin cayó al suelo y el chiquillo saboreó la sangre con intensidad.
    Bebió y bebió hasta saciar su sed.
    Terminó y se limpió los colmillos con la camiseta del canoso.
    Desnudo y sin vergüenza se plantó delante del cadáver. Observó su figura paralítica,
    con esa expresión de temor en el rostro que reflejaba pena y ternura, maldad y
    bondad.
    La figura yació en el suelo.
    El niño escrutó los focos rotos. Tras ellos un coche se erguía en medio del asfalto.
    Se acercó lentamente. La puerta estaba abierta.
    Con sumo cuidado entro y con delicadeza giró su cabeza hasta el asiento del
    acompañante. Un chico pequeño, que debía rozar su misma edad, tiritaba de miedo bajo
    el asiento.
    — No puedo ir desnudo —pensó en voz alta.
    Miró al chico, éste, tiritaba de miedo, agachado y con la cabeza entre las piernas
    susurraba palabras de pánico a sus zapatos.
    — Dame tu ropa, et vive. Per favore dame tua ropa.
    El chico temeroso no entendía lo que ocurría, el miedo se apoderó de él y se desmayó.
    — Io no se como mi chiamo, et sospito che sono un Vampiros —habló inútilmente al
    chico desmayado.
    El vampiro no obtuvo respuesta. Espero impasible junto al cuerpo desmayado. Pasó un
    minuto, luego dos, luego tres. Se cansó de esperar, enfurecido y frustrado se alejó
    del coche.
    Se concentró y cerró los ojos con fuerza. Los abrió y notó un dolor en la espalda.
    Se la palpó con las manos. Dos alas bellas y esbeltas se elevaban rígidamente detrás
    de él.
    — ¡Parla ahora o more para sempre! —las palabras del vampiro se extendieron hasta el
    infinito, resonando en el paisaje con un fuerte eco.
    El niño, aún desmayado y arrodillado en el asiento del acompañante no contestó.
    El vampiro se enfureció. Sus pies se alejaron del suelo tan rápidamente como su
    furia se extendía.
    — ¡Parla ot muere! —su último aviso estalló contra el parachoques del coche
    haciéndolo estallar.
    El chico desmayado comenzó a recobrar el conocimiento. Pero ya era demasiado tarde
    para él.
    El vampiro se irguió. Observó el coche con locura y rabia. Extendió el brazo,
    levantándolo con los rayos de la luna reflejándose en su mano. Ésta, también se
    extendió. Apuntó con la mano al coche, elevó el dedo índice y señalo el carruaje.
    — Fueco, Aire, et viento, more por sempre .
    Las palabras del vampiro se transformaron en una bola de fuego cálida y extraña a la
    vez. El dedo índice fue el encargado de proyectar la bola cálida hacía el coche. La
    bola se lanzó volteando y danzando en espiral hasta llegar al coche, no tuvo
    compasión e impactó contra el capó.
    El vampiro voló más alto para que la explosión no lo atrapara.
    El coche estalló en mil pedazos arrancando la vida del muchacho y siendo portada del
    diario comarcal. La onda expansiva derritió al completo al hombre canosa de mirada
    reluciente. El coche se elevó por los aires y volvió a caer en el asfalto emitiendo
    un potente estruendo que se oyó a varios kilómetros. El humo subió lentamente de
    entre los restos del coche, el vampiro lo traspasó y se elevó hacia la oscuridad
    hasta que su forma se dibujó en la luna. Había saciado sus ansias de comer, se
    sintió poderoso y decidió que la próxima vez no se conformaría con tan pequeño
    manjar.


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     Halloween


     Halloween es una noche de fantasía y misterio donde se recuerda y representa todo lo relacionado con el mundo de los muertos y el fenómeno en sí de la muerte, que tanto atrae a los hombres. El origen de la populosa fiesta de Halloween hay que buscarlo en la vieja Irlanda. En la Noche de las Brujas (Night of Witches) todo el mundo representa una gran escenografía en memoria de los seres queridos ya difuntos y de los espíritus. Los disfraces (disguises, costumes), truco o trato (trick or treat), los dulces típicos, las calabazas (pumpkins) son símbolos archiconocidos del Halloween anglosajón.

       Aquí podrás encontrar toda clase de información, recursos e ideas sobre Halloween, una de las celebraciones más macabras y a la vez burlonas de la historia. Tampoco nos olvidamos de otra de las milenarias fiestas paganas surgida en el territorio de los aztecas y que hoy convive, como Halloween, con el ritual católico y recogido de Todos los Santos; nos referimos al Día de los Muertos (Day of the Dead).

    Significado

    Halloween significa "All hallow's eve", palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa "víspera de todos los santos", ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.


    Acerca de la costumbre de pedir dulces

    La costumbre de pedir dulces empezó en Europa con una costumbre del siglo IX. El 2 de noviembre los cristianos andaban de pueblo en pueblo pidiendo "tortas de alma" que eran pedazos de pan con "currants". Mientras más recibieran, más prometían rezar por los parientes muertos de los donantes, cosa que llevaba a las almas más rápido hacia el cielo. En el siglo X la iglesia cambió la fiesta de los santos al 2 de noviembre.

    Uso de disfraces:

    La gente en Europa usaba máscaras cuando sequías u otros desastres los agobiavan. Las máscaras eran usadas para espantar a los espíritus que les traían el mal. Los niños se vestían como fantasmas para asustar a los vecinos.

    • Tradiciones y símbolos de halloween
    • Pumpkin (la calabaza)
    • Trick or Treat (Truco o Trato)
    • Dulces (sweets)
    • Noche de brujas:
       Cuenta una antigua leyenda las viejas brujas hacían una reunión en dos ocasiones durante el año: el 30 de abril y el 31 de octubre. Satán realizaba la convocatoria y ellas acudían montadas en sus escobas, como las configura la tradición popular, para compartir hechizos y sabiduría negra en aquellas fiestas macabras, llamadas aquelarres.

    • Los gatos negros:
        Si el gato era considerado símbolo de la divinidad entre los egipcios, los celtas, por el contrario, desarrollaron un miedo particular a este mítico animal, pues creían que los gatos negros era la forma felina en que algún poder demoníaco había transformado a una persona, es decir, los gatos eran personas malditas.

    Otros símbolos de Halloween:
    • Búho: símbolo de oscuridad. Los brujos usan el sonido de este animal para ahuyentar según ellos, los poderes de las tinieblas. Tienen su imagen como amuleto de buena suerte.
    • Sapo: Fue una de las plagas enviadas por Dios sobre el pueblo egipcio, ya que ellos lo consideraban sagrado y le rendían culto.
    • Vampiros: En la época de los druidas los demonios eran representados por esta figura. Luego ya sabéis toda la mitología de Drácula y de los chupacuellos.
    • Gatos: Era una deidad en las culturas paganas antiguas, en la brujería es utilizado para realizar toda clase de prácticas satánicas; era adorado en la ciudad de Éfeso en la era cristiana.
    • Máscaras: Son caras falsas o rostros que muestran lo que realmente no es una persona, la usaban los bufones para hacer reír a los reyes de Roma.
    • Media luna y las estrellas: Usadas en las prácticas del ocultismo, brujería, magia y símbolos adoptados por la " nueva era" según ellos nos encontramos en la era de "acuario" (astrología, creencia en los astros).
    • Bolas de cristal: Utilizadas por los astrólogos y nueva era, también poseen similitud a las prácticas donde se emplean cuarzos, pirámides, péndulos para según ellos traer buena suerte o magnetismo positivo y producir hipnotismo.

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    The Japanese call it Hanakotoba, and King Charles II brought it to Sweden from Persia in the 17th century. Read More

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